En el mundo de la fotografía, cada viaje es una oportunidad para redescubrir la mirada y transformar instantes fugases en historias permanentes.
Es así como el trabajo del fotógrafo mexiquense Juan José González Medrano, está viendo la luz en una exposición que reúne las imágenes capturadas durante su más reciente travesía, un recorrido que no solo implicó kilómetros recorridos, sino también encuentros, emociones y nuevas perspectivas (tienes hasta el 7 de marzo para irla a conocer en la Librería Sor Juana Inés de la Cruz, en el centro de Toluca).
A través de su lente, paisajes, rostros y detalles cotidianos se convierten en relatos visuales que invitan al espectador a viajar sin salir de la sala de exhibición. En esta conversación, nos adentramos en el proceso creativo detrás de la serie, los desafíos del camino y la intención artística de esta propuesta fotográfica.
¿Cómo nació tu interés e inicios por la fotografía?
No tengo una fecha clara de mis inicios en la fotografía. Lo que sí recuerdo es jugar aún de niño, con alguna cámara analógica portátil y tener fresca esa sensación al presionar el obturador y estar del otro lado del visor, de esa imagen borrosa, distorsionada, diferente.
Siempre he tratado de buscar la manera de expresar lo que veo y siento, filtrarlo a través de mis sentidos, a veces como letras, muchas veces a través de una imagen.
Mi formación profesional está un tanto lejos de la fotografía pues soy médico; aunque siento que justo en esa lejanía de una cosa con la otra, es donde he encontrado en la fotografía un universo entero en el que poder desdoblarme. La medicina, a veces pareciera que, pese a que es sabido que no es una ciencia exacta, no admite errores. En la fotografía he encontrado una “tabula rasa” (una pizarra limpia) sobre la que he podido experimentar y buscar un lenguaje nuevo.
Sabemos que parte de esta exposición está basada en un viaje reciente. ¿A qué lugares viajaste y qué te motivó a elegirlos como tema central?
Sí, esta exposición se gestó después del regreso de un viaje que realicé con mi novia al continente europeo en el 2025. Desde siempre había sido mi ilusión hacer un viaje de mochilazo a algún lado, dejarlo todo y abrazar la incertidumbre.
Y después de algunos años de una vida profesional que, si bien me daba para sobrevivir, sentía que no me permitía vivir, renuncié a mi empleo, vendí mi automóvil y me lancé a esa aventura.
El itinerario, en resumen, fue algo así:
Reino Unido: Londres – Manchester – Macclesfield.
Países Bajos: Ámsterdam – Róterdam – La Haya.
Bélgica: Brujas – Bruselas – Luxemburgo.
Alemania: Frankfurt – Colonia-Berlín.
República Checa: Praga.
Austria: Viena – Graz.
Eslovenia: Liubliana.
Italia: Venecia – Milán – Pisa – Florencia – Nápoles – Roma.
Francia: Niza – Lyon – París.
España: Barcelona – Madrid.
¿Crees que este viaje cambió tu forma de ver o practicar la fotografía?
Sí, claro. Creo que lo único constante en la vida es el cambio y experiencias como esas, hacen que uno se dé cuenta de su ínfimo espacio en el universo, desarrollas otra forma de ver las cosas, otra sensibilidad y alguna vez escuché: cuando se es un buen observador, todo el mundo es un maestro.
¿Qué fue lo que más te impactó visualmente o emocionalmente durante este viaje?
Creo que lo que más me impactó fue que al ser un viaje lento, sin tours, sin guías más que la del corazón, fue tener consciencia del tiempo, de mi transitoriedad por esta vida y por esos momentos, que como las fotografías, fueron únicos y no pueden ser reproducidos.
¿Hubo alguna fotografía que consideres especialmente significativa? ¿Por qué?
Creo que escogería esta, ya que siento que es una fotografía que habla del viaje, de un viaje interno y sin un rumbo fijo, como transitando entre realidades. Ese viaje de vuelta a Ítaca que está lleno de aprendizajes, lleno a veces de lestrigones y cíclopes a los que uno da vida.

¿Qué tipo de técnica o estilo predominó en esta serie (documental, paisaje, retrato, fotografía urbana, etc.)?
La fotografía urbana y el retrato fueron los más predominantes. Me gusta mucho la fotografía en blanco y negro y quise dar en la mayoría de las imágenes un toque existencialista. Siento que la fotografía espontánea, que captura momentos irrepetibles, reacciones verdaderas, sin poses, sin iluminaciones controladas, habla más desde el corazón y esa ha sido mi intención siempre que tomo una cámara.
¿Qué retos enfrentaste al capturar estas imágenes?
Hubo por supuesto retos técnicos, la luz cambiante, no tener un control sobre la escena y de cierta manera ser un extranjero. Extranjero desde el pasaporte, pero también extranjero como aquél Meursault de Camus. Sin embargo, el reto principal creo que fue captar el sentir del viaje, de su finitud, pero también de la importancia de vivirlo con los ojos bien abiertos.
¿Qué mensaje o sensación te gustaría que el publico experimente al ver tu trabajo?
Quisiera que las imágenes puedan dialogar con la persona que las ve. No están completas cuando se imprimen o se cuelgan en alguna pared, sino cuando alguien las ve.
Las ve y pausa, se pregunta, se pierde en algún recuerdo propio que pudiesen evocar y principalmente que hagan resonar que cada quien va en busca de su propia Ítaca.
¿Cómo fue el proceso de selección de las fotografías para la exposición?
Toda elección también es un acto de renuncia y hubo muchas fotografías que tuvieron que quedarse guardadas, tal vez un poco como el gato de Schrödinger, esperando a ser vistas (o no). Creo que toda la selección se centró en buscar algún tipo de coherencia con las emociones que pudiese representar un viaje.
¿Mas adelante, piensas publicar o exponer las fotografías guardadas?
¡Si! Ojalá haya alguna oportunidad, otra explosión estaría muy cool.
¿Qué banda sonora le pondrías a la exposición?
Uy, es una gran pregunta. Otra de mis pasiones es la música y los universos que puede recorrer. Creo que concretamente elegiría: “Plainsong” de The Cure. Creo que siento que esa canción es como un ente expansivo, casi infinito y también ha estado presente en momentos de gran intensidad en mi vida.
Finalmente, ¿qué esperas que el público se lleve después de recorrer tu exposición?
Esperaría que provoque un diálogo interno, una reflexión del viaje propio de cada persona, una pausa para replantearse la ruta tal vez. Me gustaría que, así como miran las fotografías, permitan a las fotografías mirar dentro de ellos.
Muchas gracias por la entrevista, su tiempo y disposición.
